El río inacabable de Fernando

Todavía estoy viendo a Lola, su perra fiel, enseñorearse de sus piernas altas y seguras. La veo corretear alegre cerca de su fiel compañero y abrazarse a su cuerpo en esa casa de Faura que, como el mismo Fernando, rebosaba luz y calma en su presencia. Hace dos años que Fernando Delgado nos dejó. Nos dejó solo en cierta manera, pues hay personas que nunca te dejan, a las que nunca dejas. Lo decía Berlanga: “No acepto la muerte. La muerte no existe”. Y así ha sido con Fernando. No ha existido. Tal vez porque él sembró una amistad generosa a su alrededor que lo han hecho perdurable. Un amor expansivo y multiplicador que lo convertían en una persona carismática. Sin duda, una de las más carismáticas, en su sencillez, que jamás he conocido.

Este viernes, con el inicio de la primavera, rejuvenecerá la memoria siempre fresca, siempre joven, de Fernando. Un grupo de Amigos de Fernando Delgado –abierto, como era él– recordaremos en la Llibreria Ramon Llull de València (19 h) lo mucho que Fernando ha significado en nuestras vidas. Pero, sobre todo, en la cultura de una sociedad que se despojaba de los harapos de la dictadura cuando él empezó a marcarnos con sus Telediarios literarios, sus avivires alegres, sus columnas críticas en este periódico cuando otros callaban, sus novelas de exploración psicológica, sus pasionales poemas como aquel que dice: «Has vuelto al río al cabo de los años y has limpiado tus labios después de tantos besos que el falso amor propicia. Todos los besos fueron sin duda necesarios, pero no hay nada más fugaz que un beso. La fugacidad, no obstante, jamás implica olvido. Con frecuencia se obstina en ser deseo inacabable».

A ese río inacabable de Fernando volvemos. Porque su literatura, sus artículos y su personalidad –comprometida con los valores ilustrados y la radicalidad democrática– aún nos pueden enseñar mucho de este mundo con la brújula averiada y tan deshumanizado. Queremos que cada año una persona reflexione sobre un atributo o una idea que personificaba Fernando. Y el comienzo de esta aventura algo romántica lo apadrina el escritor, periodista y editor Juan Cruz para hablarnos del regalo de la amistad que Fernando nos inculcó. La amistad: ese será el vector de este acto de memoria.

Fue su amigo Paco Brines quien nos enseñó en su poesía a envejecer con algo de memoria y alguna claridad. Yo recuerdo un día inolvidable de verano, con Fernando haciendo una apasionada defensa de la palabra. De hablar después de haber pensado. Del diálogo entre distintos. De la palabra como manantial de luz. Del valor y del deber de cumplir con la palabra dada. Nunca como ese día de digna claridad tuve consciencia de hasta dónde puede llegar la altura de la sede de la soberanía popular valenciana. Del respeto que merece.

Fernando ha sido un maestro de vida. Un maestro con aspecto de padre que abraza, cobija y, si es preciso, consuela con una sonrisa ancha y tan humana. Una sonrisa clavada en nuestra retina que todavía hoy nos dice: Estamos vivos, celebrémoslo. Pues eso: A vivir.

Ximo Puig, Levante-EMV, 20-3-2026

https://www.levante-emv.com/opinion/2026/03/20/rio-inacabable-fernando-128119576.html